| No, no te deseo la muerte amor

(a J: lo mas cercano a lo que tanto habia buscado)
Mira que eso sería muy drástico, si le deseara la muerte a todos los ex amores que me han roto el corazón, la lista negra no terminaría y me volveria una asesina serial. Además que nunca he sido una enferma psicótica neuroasesina del mal... pero si algo te puedo desear, con todo mi confundido corazón, es que la pases mal. Aclaro, no me refiero a un estado negativo, ni a problemas de salud, ni mucho menos. Simplemente te deseo, el mismo malestar mental que tu me provocaste.
Sigo soñando contigo, ¿sabes? porque desgraciadamente y muy a mi pesar, sigues ahí adentro. Cada noche sueño con una solución diferente, con una teoría que mi subconsiente ha de inventar, tratando de justificar tu repentino y absurdo "adiós". Daría, lo que fuera, (bueeeeno, no lo que fuera, pero si gran parte) por conocer lo que hay en tu mente. Navegar por tus pensamientos y descifrar tus locuras, tus repentinos cambios, saber exactamente QUÉ FUE LO QUE PASO. Conocer un poco tus verdaderos sentimientos y saber si te duele o solo fui un capricho más que ni una herida te causó.
Mira que si he de odiarte, no lo haré en si por lo que me hiciste -pensandolo bien ni me hiciste nada- te odiaria por lo que me dejaste, por la mujer en la que me convertiste. Si bien, desde antes de ti era desconfiada y fría, ahora me he vuelto cuatro veces peor. En si creo que nunca podré confiar en nadie -o por lo menos me costará muchisimo trabajo- ya que aprendi nuevamente la lección: "las palabras se las lleva el viento". Personas como tu son capaces de hablar, hablar y hablar, prometer y hasta jurar, situaciones tan irreales y falsas como un presidente honesto.
Deseo con todas mis fuerzas, que pagues por esto, que te arrepientas, que me extrañes, que pienses en mi como yo te pienso, que te des cuenta del grave error que cometiste al dejarme, porque yo querido, yo te hubiera amado como nadie antes lo pudo haber hecho. Porque en mi, dejaste ir todas esas cualidades que en realidad necesitas, pero que venga, que por tu absurda inmadurez, ni si quiera te diste cuenta. [...] |